martes, 29 de septiembre de 2009

Vivir entre sombras.


Allí estaba. Solo. Con mis sueños destrozados. A la espera de mi única felicidad y a cuestas con mi despedazada esperanza. Ahora sí, el día había llegado; la solución acariciaba mi rostro. Ya faltaba poco, pero debía saber esperar. Tenía que permanecer entero. Abrí los ojos, al máximo, casi desencajando el semblante. No podía perderme un segundo, tenía que ver y sentir lo que tanto tiempo llevaba esperando. Estaba anhelante, incluso irreflexivo ante los hechos, pero sentía paz interior, una paz incomprensible, pensaba que nunca un epílogo hizo tanto por la vida de un hombre. Un condenado a muerte.
Doce meses atrás, a la terminación de mis tareas agrícolas, se desencadenaron una serie de acontecimientos que acabaron por marcar mi vida. Recuerdo que era sábado, día de paga. Con el cuerpo molido por el tremendo esfuerzo decidí irme a casa; la casa que los amos habían puesto a mi disposición; un cobertizo construido de láminas de chapa galvanizada, techo de cartón cubierto con paja, panojas de mazorca y cañas de carrizo. La noche caía y las sombras se mostraban amenazantes. Avivé el paso; mi mujer y mis tres hijos me esperaban.
Unos gritos me alertaron. Me sorprendí corriendo entre la semioscuridad. Temí lo peor. Cuando llegué a casa me encontré con un panorama dantesco. Mis hijos arrinconados e intimidados por un hombre que portaba una botella de licor en la mano. En el camastro, dos hombres vejaban y abusaban sexualmente de mi mujer. Me abalancé sobre ellos, sin pensarlo, y sin poder evitar que la afilada hoja de un cuchillo penetrara en mi vientre. Sentí la punzada, pero la ira y el odio acumulado anulaban el dolor. Me debatía en una feroz lucha hasta que algo contundente impactó en mi cabeza.
Las luces de una linterna cegaron mis ojos. Estaba en el suelo, desangrándome, cuando un policía comenzó a darme patadas, y a gritos, decía:

¡Levanta hijoputa!

¡A ver si tienes güevos de matarme a mí!

¡Cabrón de mierda!

Yo no sabía qué estaba intentando decirme ni por qué me hablaba en ese tono. Dos sanitarios entraron con una camilla, me colocaron en ella y entonces lo vi todo; mi mujer yacía muerta entre un charco de sangre con su rostro desfigurado por los golpes. Miré para el rincón y tres cuerpos pequeños andaban tirados por los suelos con sus gargantas abiertas de una parte a otra. Grité y lloré todo lo que podía, pero estaba débil; y me desmayé.
Después de 25 días en el hospital, con mi mirada, mi cabeza y mi alma extraviadas, pasé a una cárcel infesta. Había sido acusado de cuatro asesinatos. Se lo puse fácil a los jueces. Tenían a un acusado que no se defendía, por lo tanto, la sentencia estaba asegurada; pena de muerte. Cuando oí el veredicto de boca del magistrado, una sensación de alivio recorrió todo mi ser.
Hoy era el día de la ejecución. Por fin. Unos funcionarios entraron en la celda y me instaron a acompañarles. Utilizaron un tono jocoso, pero eso era lo que menos me importaba. A medida que avanzaba por aquel interminable pasillo mi memoria tomaba el protagonismo que durante meses había tenido oculto. Comencé a hablar sobre lo que pasó en realidad. Solicité la presencia de un abogado, del juez, del alcaide, de cualquier persona capaz de parar aquella ejecución injusta. Mis brazos se movían con una rapidez y furia inusitada. Nadie podía calmarme, estaba fuera de sí, mi boca lanzaba espumarajos blancos, estaba perdiendo el control; de pronto, una especie de descarga eléctrica, acabó con todo…
Desperté en un camastro, me encontraba cansado y confundido. Bajo mis pies, varias botellas de bourbon sin marca, montones de colillas y una jeringuilla con restos de sangre. Sobre la mesilla de noche había una foto de una mujer y tres niños pequeños; a ninguno reconocía. Sabía que algo tenía que hacer, que mi vida no podía transcurrir por esos derroteros, en caso contrario, el vicio y la adicción acabarían conmigo; si es que no lo habían hecho ya.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Adiós, musas, adiós

En esto de escribir, uno, normalmente, no tiene mucha "culpa". Son las musas las artífices. ¿Qué no?. Os aseguro que sí. Os cuento una vivencia que me acaeció tiempo atrás:

Héteme aquí que me encontraba yo paseando tranquilamente, la mente perdida en vericuetos del despiste, relajados los ánimos, calladas las inquietudes.

En ese estado de duermevela intelectiva me hallaba, lejos de la influencia de la razón, cuando, sin previo aviso ni invitación alguna, esas musas revoltosas que pululan por un espacio paralelo decidieron, de forma unilateral, entrarme al asalto, sin piedad.

Insistentes y tenaces lograron despertarme del descuido en el que voluntariamente me perdía e, inquietando mi osadía, me pusieron pies en polvorosa, presta a buscar un teclado donde depositar la súbita inspiración que me embargaba.

En unos segundos apenas recorrí el espacio que me separaba del Cyber del barrio. Una vez dentro, y sin poder precisar que me llevó a ello, mis dedos, con autonomía propia y distinta de la mía, aporrearon a su gusto el inerte teclado. No sé si fue Erato, Euterpe o Melpómene, aunque me inclino a pensar que fuera Talia, la Musa que decidió que ese día era yo su presa. Es más, seguro que fueron todas ellas y alguna que otra más ¿tal vez Clío? Riose -o riéronse- de mi audacia y todo lo que mis dedos transmitieron al teclado fue visionado en pantalla. ¡Y era bello!... Oh, oh... ¡algo fallaba! Era ella, o tal vez ellas, y no yo, la autora o autoras de aquello que recreaba la pantalla. Aquel nutricio relato con destellos de genial bizarría no debía, no podía ser mío.

Por un segundo cerré los ojos. ¿Qué pasaba? ¿Qué me estaba pasando?

Esos mismos dedos que ya sólo obedecían voluntades externas siguieron tecleando. Así, tropezaron con algún foro de literatura y en él con este preclaro post con que tú, Samuel, nos recreabas.


Si te asaltan deseos de trascendencia, se te echa encima alguna musa loca y te entran irresistibles ganas de escribir, elige, por favor, entre una de estas opciones:

a/ Siéntate un poquito hasta que se te pasen.

b/ Ponte algo y sal a ver escaparates.

c/ Amórrate a una botella y emborráchate masivamente.

d/ Enchufa el televisor: tendrás asegurada una cumplida dosis de morralla.

e/ Telefonea a un amigo; si no tienes, a un conocido; si tampoco, a la tía coja del pueblo, a ver si sigue con vida. Salir al rellano y emprenderla a voces, por el motivo más peregrino, con el primer vecino que encuentres, también distrae un rato.

f/ Haz algo más edificante, como escupir a la calle desde el balcón o arrojar algún objeto contundente. Siempre pasan monjas, señoras con pelucones y calvorotas.

g/ Fricciónate compulsivamente los genitales, en alabanza a Onán.

h/ Húrgate en la nariz: es igual de inútil que escribir, aunque algo más productivo y mucho más entretenido.

i/ Busca una soga resistente e inmólate en un rincón.

...


Y aquí, esta vez sí, la propia voluntad entró en juego y leí tu consejo.

Te contaré el proceso que me embargó:

a) Estando ya sentada, sólo me quedaba mantenerme en esa postura hasta que se me pasaran las innobles ansías. Pero, como relato a continuación, no fue posible.

b) ¿Qué me pusiera algo y saliera a ver escaparates? ¡Coño!. ¡Si de la calle venía!, en el cyber no tenía posibilidad de ponerme nada (bueno, medité y decidí quitarme la chaqueta. Así ya tenía algo que ponerme, mi propia chaqueta). Entendí que tu consejo era bienintencionado y que su seguimiento podía ser adecuado para la consecución del fin pretendido: ¡Alejar a las musas que me habían atrapado! Salí, pues, a la calle, tras guardar debidamente aquel archivo de texto que me atormentaba, cerrar el ordenador y pagar el importe que el dependiente del establecimiento me requería.

Me fui a ver escaparates. Todo sea obediencia debida. Pero no quedó sin consecuencias acto tal. ¡Medio sueldo me dejé en la afrenta! Vi escaparates, sí, pero quise comprobar la veracidad de lo expuesto. Y ¡Qué mejor que llevármelo a casa!

Volví por mis pasos, con varias bolsas de diversos productos que no precisaba y, al pasar por la puerta del cyber, dudé. Decidí no entrar y seguir hasta casa. Tal vez en el paseo las musas decidieran abandonarme pero, ¡Quiá!, cada vez se mostraban más arteras.

Llegué a casa, dejé las bolsas sobre el sofá del salón, encendí mi ordenador y procedí de nuevo a conectarme a Internet

Volví a entrar en el foro y en tu post, Samuel. Y seguí leyendo tus prudentes consejos:

c) Eso de emborracharme no es práctica habitual en mí, pero sacrifíqueme por la causa, y aún a riesgo de la consabida resaca, púseme manos a la obra. Y corrió el vino, y lo que no era vino.

A duras penas, acabadas dos o tres botellas (la cuenta la perdí a partir del séptimo u octavo vaso), y con esfuerzo ímprobo, seguí la lectura de tus consejos. Difícil se me hacía pues las letras se empeñaban en no permanecer quietas.

d) Procedí a encender el televisor, no sin problemas. ¡Para qué demonios les ponen tantos botones!... Eso, al menos, pensaba yo en ese momento. Hoy, con la perspectiva del tiempo y curado el “pedo” y su correspondiente resaca, compruebo que no era la cosa tal. ¡Mi televisor no tiene nada más que un botón! El resto, imagino, no era más que efecto del alcohol, que según parece llega a duplicar, triplicar e incluso más, las cosas.

No me enteré mucho de la programación, cierto es, pero las musas se ve que empezaron a cansarse de mí, porque ya no tecleaba, no. No era teclear lo que hacía, más bien, aporreaba las teclas. En la pantalla empezaron a aparecer inconexas palabras que, poco a poco, ya no eran ni palabras. Bueno, por ser, ya casi ni letras eran. Una muestra de que las musas estaban pasando ya de mí es esto:


el vinGaool* qudde tien$3e adf ¡taragggri!sun ció·fGDn o es blllllllllan··$co ni es ti¡ ¿yUUpntiiiiiiiiiiiiiiiiiiio ni tiegggene col;lor?.



Copia exacta del párrafo más legible que logré escribir en aquellos momentos.

Aún así, cretinamente obediente, seguí cumpliendo el protocolo que indicabas

e) En el estado en que me encontraba difícilmente podía marcar número alguno en el teléfono con lo que, tras varios intentos fallidos, me incliné a realizar la última apreciación y salí al rellano de la escalera con la sana intención de "emprenderla a voces por el motivo más peregrino con el primer vecino que encontrara". Tuve la mala suerte de tropezar conmigo misma en el primer escalón de la escalera y caí por ella, dando tumbos. El efecto, desde luego, fue similar al deseado pues los gritos ciertamente fueron emitidos, con más fuerza, además, de la pretendida, y alerté a todo el vecindario.

Las musas no sé si se apiadaron de mí o si fue el ángel custodio el que profesó la caridad, el tema es que terminé mi giratoria excursión por las escaleras sin hueso roto alguno y simplemente con algún que otro “chichón".

Fui acompañada por algún solícito vecino hacia la puerta de mi casa e invitada a entrar. Ante la insistencia de ese mismo vecino (no recuerdo si vecino o vecina), me tumbé en el sofá mientras el mencionado/a se retiraba con manifiestas muestras de preocupación en su semblante.

Una vez sola sentí la imperiosa necesidad de continuar la lectura de tus consejos y, aunque sin recordar ya para qué, seguir con la práctica de ellos.

f) Pareciome que indicabas la conveniencia de arrojar algún objeto por la ventana, con la intención, no del todo ética, siento decírtelo, de que impactara sobre algún transeúnte. Y procedí rauda. Claro, para ello cogí lo que tenía más a mano: ¡El portátil!

Arrepintiéndome estoy aún, no creas que no. Tuve la fortuna de que ningún desgraciado pasara en aquel momento por la calle y el contundente objeto fue a estallarse contra el duro asfalto, deshaciéndose en mil pedazos. Pudo haber sido peor la cosa, desde luego? ¡Gracias a Dios no hubo que lamentar desgracias personales! (bueno, sí, las que yo misma sufrí: una vez pasada la resaca producto de mi borrachera, mi ego quedó profundamente herido, y mi cabeza arrastró un potente dolor durante unos cuantos días... ah, y mis frugales existencias penuarias, ya bastantes mermadas poco antes en el ataque de febril consumismo, se vieron drásticamente reducidas cuando hube de reponer el portátil que tan estúpidamente "suicidé")

Quedeme absorta viendo el estropicio y, atónita ante mi propia cretinez, me pregunté: "¿y ahora cómo sigo?"

No podía recordar con precisión los sabios consejos, apenas algo así como un rascado indecoroso y un indecoroso, también, hurgamiento de narices. No me extenderé en el relato de esta parte por respeto a algún posible lector.

El final, sin embargo, aparecía nítido en el recuerdo: autoinmolarse con alguna resistente soga en algún olvidado rincón.

Otra vez más, las musas, los ángeles guardos o los hados, que todo podía ser, vinieron a mi ayuda y la soga que encontré no era otra cosa que una suave y pura lana virgen -ejem- , suave al tacto y, como pude comprobar después, no tan resistente como pretendían hacerme ver sus fabricantes -lo que figura en la etiqueta ¡todo mentira!-. No resistió ni el primer intento. Rompió en todas las ocasiones, y fueron varias, no puedo recordar el número -sí, ¡como para recordar estaba yo!-, en que intenté el inmolamiento.

Claro que, en esos momentos, no quepa duda, el objetivo pretendido se había logrado plenamente. ¡Vete a saber dónde andaban las musas! Bueno, las musas y mi razón, que debían haberse fugado juntas.

Tras una espantosa noche de pesadillas, escalofríos y estertores más propios de la agonía, llegó el día y el sol trajo algo de mesura, junto con una resaca de órdago.

Una buena ducha, un café muy cargado y mucha voluntad por mi parte hicieron el resto y, horas después, parecía otra vez persona. Eso sí, sin entender ni “torta” de lo que había pasado y sin recordar casi nada de la aciaga noche.

Bajé a la calle donde observé entristecida -y bastante enojada conmigo misma- los restos del dislate nocturno: el disperso cadáver del que fue mi portátil. Le dediqué unos segundos pesarosos y, entendiendo que aquello no tenía ya solución, recogí los restos y los arrojé a un contenedor próximo. Una última mirada y un último reproche a mí misma por la locura -1000 euros que habría de costarme la gracia- . Y, taciturna, abandoné aquel lugar.

Al pasar de nuevo frente al cyber sentí la necesidad de volver a leer tu post con la intención de buscar allí la explicación de lo que había pasado, que se me hacía huidiza

Y la hallé, no cabe duda.

Releí varias veces la acusación que patente se advertía. ¡Y es que hay que leerlo todo, antes de actuar!

Pues sí:


“Si te asaltan deseos de trascendencia, se te echa encima alguna musa loca y te entran irresistibles ganas de escribir, elige, por favor, entre una de estas opciones”


Exactamente eso es lo que decía: “elige, por favor, entre una de estas opciones”

¡No eran precisas todas!... vaya, vaya, vaya…

Eso sí, puedo atestiguarlo, si se realizan todas:


¡Funciona!

Adiós musas, adiós.



martes, 22 de septiembre de 2009

RENDIDA DE AMOR



RENDIDA DE AMOR

Como regalo en perfumadas notas
febril te busca mi alma en el camino
como ley ordenando mi destino
hoy así de mis sentimientos brotas.

Mi cuerpo con tus manos alborotas
haciendo fiesta en el lecho cetrino
para beber el afrutado vino
del calor de nuestras pieles en gotas,

como una sierva que te ama devota
rendida de amor para ti, me entrego
con un sentimiento que no se agota

yo solo te pido o mejor te ruego
no me des olvido, ni el alma rota
Pues huiré de ti, como huyo del fuego.

Argelia Pérez Ruiz
Venezuela

lunes, 21 de septiembre de 2009

La niña.


Soplos de aire frío entraban por las innumerables rendijas de aquellas cuatro paredes. Una puerta mal encajada, una ventana tapada con cartones, una mesa destartalada, dos sillas con el cojín amarrado con una cuerda y un camastro con evidentes manchas de indignidad era todo lo que tenía; el ajuar idóneo para el más mísero de los hombres. Sobre un sillón, tapizado con papeles de periódico, descansaba mi única hija, tenía 6 años y su cuerpo, enmarañado entre una manta infesta, cubierto de llagas estigmatizadas con mi propio hierro candente, temblaba de frío, de hambre… o tal vez de miedo. Llevé mis manos al rostro y acallé como pude aquel terrible sollozo. Infelicidad, desesperanza y culpabilidad.
Las primeras luces del día mostraron un cielo sombrío y lluvioso y eso agravaba, aún más si cabe, mi única ocupación, la de limosnear por los alrededores. Mi aspecto, cada vez más repulsivo, combinaba perfectamente con mis ropas harapientas. Oí el despertar callado de mi hija, y noté que en cada aliento se le escapaba la vida. Sobre la mesa le esperaba un copioso desayuno consistente en la ingesta de un sorbo de leche maloliente y un par de galletas que habían sido convenientemente administradas. No había más; o comía eso, o elegía privarse del único alimento. Antes de salir de casa, al igual que hacía todos los días, deposité, en su bello rostro, el beso de la amargura.
Nadie sabe qué pasó aquélla noche. Todos los vecinos del asentamiento, al ruido estridente de las sirenas, salieron asombrados de sus moradas. Eran las 7 de la mañana cuando un numeroso dispositivo policial corría de un lado para otro intentando localizar la casa de Antonio, un indigente que vivía en compañía de una niña de 6 años. Cuando entraron se encontraron un espectáculo dantesco. La pequeña, entre vómitos, orín y heces, se debatía entre el frío y la fiebre. Su cuerpo esquelético carecía ya del más mínimo músculo o presencia de carne. La pequeña, al parecer, respondía al nombre de Carmen y había sido arrancada, de las propias manos de su madre, tal día como hoy, pero hace 3 años.
Antonio, su raptor, un hombre de apenas 50 años, hundido en la depresión, el caos y el abandono, sucumbió…

La mujer enroscada.


Una serpiente de considerables dimensiones abrazaba su cuerpo semidesnudo. Era una joven bella y sensual contoneando su espléndido cuerpo mientras un reptil reticulado se le enroscaba. Un hombre enorme, con un ridículo bigote pelirrojo, mostraba al escaso público existente la majestuosidad y riesgo del número circense. De pronto, la serpiente, abriendo completamente la boca, engulló por completo a la bella y sensual joven. Al instante, la silueta de la mujer se dibujaba con nitidez en su interior, dos minutos más tarde, con parsimonia, y embardunada con un líquido de babas espesas y pegajosas, la sensual ayudante apareció ilesa ante la mirada atónita de todos. Aplaudí sin ganas, con desidia, obligado por la inercia que ejercían los no más de 30 espectadores.
Salí del lugar con sensación desasosegante. No podía apartar de mi mente la imagen de la joven, especialmente repugnante, al ser “vomitada” del interior de aquella serpiente. Daba vueltas por el recinto ferial cabizbajo y realmente abatido, a la espera de encontrarme con los amigos, pero el espectáculo había acabado con mis ganas de diversión. Me acerqué al lugar indicado y pedí una cerveza mientras esperaba. Quince minutos después, las bromas y ganas de diversión de mis acompañantes acabaron con mi apatía. La noche fue larga, muy larga…
Mis vacaciones se acababan, y ese día, sin saber bien por qué, decidí recorrer en solitario algunos pueblos costeros del alrededor. Arranqué mi coche, y sin rumbo, inicié mi aventura. En el cuarto pueblo visitado, y ante el asfixiante calor existente, decidí acudir a la primera playa que me encontrara. Era una cala salvaje, apropiada para el nudismo, y a la que solo se podía acceder a través de un largo camino a pie. Después de unos cuantos minutos, entre sudor y cansancio, coloqué mi sombrilla lo más alejada posible del, al parecer, único inquilino existente. En desnudez plena me dirigí hacia la orilla y me puse a nadar sobre aquellas aguas frías y cristalinas. Minutos después, sufriendo anquilosis en mi miembro más estimado, me tumbé sobre la arena. Abrí mi nevera y saqué una botella de agua helada. Bebí un largo trago, me tumbé bocabajo, y me quedé dormido.
Sin saber con exactitud el tiempo que había pasado dormitando, pude notar como una sombra se interponía entre el sol y mi cuerpo. Me giré, y con mis manos actuando sobre mis ojos de eventual visera, pude ver el cuerpo desnudo de una bella joven, la misma que días atrás coqueteara con una serpiente en un espectáculo poco reconfortante. Me levanté preguntando si necesitaba algo. Dos cosas –dijo ella- Agua y que me hagas el amor.
Curiosamente no me sentí incómodo por sus necesidades, a fin de cuentas, la cuestión era de una sencillez aplastante; dar agua y tomar su espléndido cuerpo. Le ofrecí la botella y esperé a que calmara su sed, después, apartando con mis dedos el cabello que caía sobre su rostro, le dije que no, que no podía acceder a su segunda petición, que era un hombre comprometido y que jamás, mientras el amor anidara en mi corazón, podría serle infiel a la persona amada. A ella le cambió totalmente el semblante, tornándose –de forma incomprensible- terriblemente violenta por la contrariedad. Hizo un gesto grosero con el dedo corazón de su mano derecha a la vez que emitía gritos ensordecedores. Su actitud me desconcertó y traté de calmarla. Fue inútil, ella clavó sus afiladas uñas en mi pecho causándome un dolor intenso.
Acuciado por la angustia y apesadumbrado por la actitud de la joven decidí recogerlo todo y marcharme. La sangre se iba dibujando a través de mi camiseta. Con caminar lento pero firme me fui alejando, no obstante, los gritos histéricos de la joven aún persistían.
Sólo pude intuir el golpe. Tras unos arbustos, un hombre corpulento con un ridículo bigote pelirrojo, me abatió con un impacto certero. Entre estertores, pude comprobar cómo la sangre emanaba de mi cabeza. Segundos después, mientras veía nítidamente como mi vida se extinguía, los tímidos aplausos de no más de 30 espectadores me alejaban de mi terrible destino.

El ruido de tus tacos


Cada mañana llegas brevemente,
con el ruido de tus tacos, reconocidos,
vienes de la noche y de los sueños,
entre agua, sol y brisa
arremolinando tu cadera
para encender la vida,
para acaparar mis ojos,
que se van detrás de ti,
de tu cintura fugitiva.

Te miro, te contemplo y pensativo
derramo el tiempo entre silencios,
me sonries y esa ligera mueca
en tu mejilla, me quiebra las palabras
despedaza el verbo, lo hace astillas
y quedo mudo, como una espada oxidada.

De pronto ya te fuiste…
otra vez , como todas las mañanas
como cada mañana, cuando te veo llegar,
con el ruido de tus tacos, reconocidos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Viajera

Allí, en el cauce fresco y sombrío,
bajo el dosel de mi lecho terreno,
danzo las notas de mi alegro,
bajo el arco de triunfo recién nacido.

Mientras las libélulas siembran brisas,
y el verde crece en silencio,
baja el color de los cielos,
me fundo bajo las lanzas de fuego,
en las perlas nacaradas,
que marcan mi ruta de eterno retorno.

Abrazo a mis hermanas saladas,
mientas me arrastra el titan que me elevará a los cielos y,
mientras me despido, me acunan los vientos,
devuelvo a mis hermanas sus besos salados
y mudo a lágrima dulce, a espíritu etéreo.

Los ojos del viento son testigos,
de que vuelvo a casa, con los mios,
cabalgando el arco de mi victoria sobre el tiempo,
que atrapa mis suspiros en el gran libro.

Solo unas letras con cuya lectura espero que hayáis disfrutado, dejo a vuestro criterio y a los buenos oficios del creador de este espacio su clarificación con una etiqueta.

Os propongo un ejercicio que allá donde originalmente lo publique propuse a los lectores:

  • ¿Adivina quien protagoniza la historia?
  • ¿A que sucesos de su existencia hace referencia este revoltijo de metáforas jajajaja?
Un cordial saludo para los creadores de este espacio, los coadministradores, comentaristas y visitantes.

ARBOL DESHOJADO


ARBOL DESHOJADO

Mi mente a solas, tu dulce nombre deletrea
Dentro de mi tristeza, quietud y mi congoja,
Siento que eres viento arrollador, que tumba la hoja,
Soy el aire que pasa, sin que nadie me vea.

Sobre ella desconocida, flor de alcaravea,
Cual fruta madura, sin que nadie la recoja,
Como flor marchita, que viento leve deshoja.
Todavía, mi mente tu nombre deletrea.

Sombra gris, que a lo mejor precisa algún viajero,
Remanso dulce, para el buen hombre enamorado,
Agua fresca, añorada, del viejo tinajero.

Que me entrega verdadero amor ilusionado,
Luz de los ojos de aquél, que dice “te quiero”
Y tú serás entonces, el árbol deshojado.

BIRMANIA PÉREZ RUÍZ
2009
VENEZUELA

NODRIZA


NODRIZA

Por mi mente se desliza
El espacio en tu regazo
Deja solamente un trazo:
Bendice lo que pisa…

Aunque sé que eres ceniza,
De tu cuerpo en un abrazo,
De tu amor eterno lazo,
En el tiempo se eterniza.

Tu cariño y gentileza
Fuerte recuerdo agiliza,
El coraje y la franqueza

Como agua que me bautiza,
Sobre mi cuerpo y cabeza,
Tu palabra de nodriza.

BIRMANIA PÉREZ RUÍZ
2009
VENEZUELA

EL CAMINO Y LA PALMA


EL CAMINO Y LA PALMA

Cual paloma mensajera
Fresco viento celestino,
Llega el aire matutino,
Con tu palabra viajera.

Dijo la palma llanera
A la orilla del camino,
Bajo este cielo perlino
Quiero ser tu compañera.

Así el camino y la palma
En el inmenso horizonte,
Se hacen amigos del alma.

Por el sendero y el monte,
Se mira tu cielo en calma,
Con nubes de polizonte.

BIRMANIA PÉREZ RUÍZ
2009
VENEZUELA

viernes, 18 de septiembre de 2009

Sobre "El maestro y Margarita", de Mijail Bulgákov

A pesar de mi impericia a la hora de escribir artículo de opinión literaria, me voy a atrever hoy a ello -no sin cierto reparo-, porque me gustaría acercaros, de alguna manera, una deliciosa obra del escritor ruso Mijail Bulgákov (1891-1940), titulada "El maestro y Margarita". Esta obra me impresionó gratamente (muy gratamente) cuando la leí, por primera vez, hace ya muchos años (es más, marcó un antes y un después en mi particular visión de temas en los que se adentra) y me ha vuelto a impresionar cuando, años después, la he vuelto a leer.


Introduciré primero al autor, con una pequeña reseña de su biografía.
Novelista y dramaturgo nacido en Kiev. Estudió Medicina, pero renunció a esa profesión en favor de la creación literaria. Sus primeras obras son narraciones satíricas, inspiradas en su vocación médica, Maleficios (1925), Corazón de perro (1925), Morfina (1927), y comedias, El departamento de Zoia (1926). Alcanzó el reconocimiento con su extensa novela La guardia blanca (1925), que se desarrolla en Kiev durante la Revolución bolchevique y fue dramatizada como La huida (1926).
Tuvo que enfrentarse a la crítica oficial por su retrato favorable de un grupo de oficiales antibolcheviques durante la guerra civil y por "faltar" a un héroe comunista. Aunque las obras de Bulgakov disfrutaban de gran popularidad, las autoridades le prohibieron publicar a partir de 1930 pues encontraban inaceptable su sátira de las costumbres soviéticas (tema recurrente, por cierto, en su obra).
De gran interés son sus cartas a Stalin, con el que llegó a tener una relación epistolar muy especial y por la que, según algunos de sus biógrafos, se ganó la simpatía del tirano que, aunque no podía aceptar al escritor, en cierto modo le perdonó la vida. En esas cartas, Bulgakov le pide al dictador el permiso para "desterrarse" de su país. Es particularmente singular la relación entre estos dos personajes. Bulgákov se identifica un tanto con Molière quien, a su vez, tuvo que lidiar con la censura y los caprichos de Luis XIV y su corte. Pero, aunque es perseguido y censurado, sin embargo, se le permite representar -con gran éxito, por cierto- alguna de sus obras dramáticas, por ejemplo Los días de los Turbin, conmovedor retrato de los sufrimientos de la aristocracia ucraniana durante la revolución. Esa obra, además, se convirtió (nadie ha podido explicar por qué) en una de las obras favoritas de Stalin, de quien se dice fue a verla hasta seis veces. Inexplicable el hecho de que el propio tirano "llorara" ante los sufrimientos de la clase aristocrática, a no ser que en ello gozará del triunfo que suponía para la clase "bolchevique" ese dolor.
Su mejor novela, sin duda, es El maestro y Margarita (publicada en la Unión Soviética en 1966) fue escrita entre 1929 y su muerte, acaecida en 1940. Es una obra póstuma que terminará su esposa. De hecho, en la tercera parte de la obra es fácil adivinar rasgos que no parecen propios del autor. Así, por ejemplo, es palpable la forma en que la ironía que rebosa toda la primera parte se apaga un poco en esta última.
El maestro y Margarita es una obra en el que se intercalan tres historias, una de ellas realmente hilarante, en la que el diablo en persona se presenta en el Moscú de los años 30 como maestro de variedades (Mago) para locura de un grupo de intelectuales (periodistas, literatos, músicos) del mundillo culto de la ciudad moscovita. En realidad, una mordaz crítica hacia el régimen político y la sociedad rusa del momento, en la que, ni el diablo, podría encajar. Realmente genial el tratamiento de tal crítica, desbordando ironía.

Se entreteje con la historia anterior otra particularmente interesante, que en realidad hila la trama para dar lugar, posteriormente, a la segunda parte de la obra, en realidad, la que da nombre al libro: el maestro y Margarita. Una ficción sobre el encuentro de Jesús (Joshuá o Ga-Nozri, en la obra) con Pilatos (una historia dentro de la historia, pues se supone que el autor de este relato es el maestro que aparecerá más tarde, en la segunda parte indicada). Una visión muy particular de aquel juicio en el que el procurador romano no halló culpa alguna en el reo.

"Seguramente era cosa de la sangre que le golpeaba las sienes, pero el procurador sintió que se le turbaba la vista. Le pareció que la cabeza del preso se borraba y en su lugar, aparecía otra. Una cabeza calva que tenía una corona de oro, de dientes separados. En la frente, una llaga redonda, cubierta de pomada, le quemaba la piel. Una boca hundida, sin dientes, con el labio inferior colgando. Le pareció a Pilatos que se borraban las columnas rosas del balcón y los tejados de Jershalaím, que se venían abajo, detrás del parque, y que todo se cubría del verde espeso de los jardines de Caprea. También le sucedió algo extraño con el oído: percibió el ruido lejano y amenazador de las trompetas y una voz nasal que estiraba con arrogancia las palabras: "La ley sobre el insulto de la majestad..." Atravesaron su mente una serie de ideas breves, incoherentes y extrañas: "¡Perdido!" Luego "¡Perdidos!" Y otra completamente absurda, sobre la inmortalidad; y aquella inmortalidad le producía una angustia tremenda. Pilatos hizo un esfuerzo, se desembarazó de aquella visión, volvió con la vista al balcón y de nuevo se enfrentó con los ojos del preso"

La idea de la inmortalidad le pesó a Pilatos... realmente. Y Bulgakov no duda en presentarla en su obra, pues seguramente él también se sentía abrumado por ella.

"Todo había terminado y no valía la pena seguir discutiendo. Ga-Nozri se iba para simpre y nadie podría calmar los horribles dolores del procurador, la única salvación era la muerte. Pero esta idea no fue lo que le sorprendió. Aquella angustia inexplicable que le invadiera cuando estaba en el balcón se había apoderado ahora de todo su ser. Intentó buscar una expliación y la que encontró fue bastante extraña. Tuvo la vaga sensación de que su conversación con el condenado quedó sin terminar, o que no le había escuchado hasta el final. Pilatos desechó ese pensamiento, que desapareció tan repentinamente como había surgido. Se fue, y su angustia quedó sin explicar, porque tampoco la explicaba la idea que relampagueó en su cerebro: "la inmortalidad..., ha llegado la inmortalidad..." ¿Quién iba a ser inmortal?. El procurador no pudo comprenderlo, pero la idea de la misteriosa inmortalidad le hizo sentir frío en medio de aquel sol abogiante Bien -dijo Pilatos- así sea. Entonces se volvió, abarcó con la mirada el mundo que veía y se sorprendió del cambio que había sufrido. Desapareció la mata cubierta de rosas, desaparecieron los cipreses que bordeaban la terraza superior, también el granate y una estatua blanca en medio del verde. En su lugar flotó una nube purpúrea, con algas que oscilaban y que empezaron a moverse hacia un lado, y con ellas se movió Pilatos. Ahora se le llevaba, asfixiándole y abrasándole, la ira más terrible, la ira de la impotencia"

La tercera historia que nos ofrece esta interesante obra y que constituye toda la segunda parte del libro, nos presenta a Margarita (esposa del Maestro), que no duda en pactar con el diablo (el Mago de "varietès") para reencontrar a su amor perdido (es decir, el Maestro, que a su vez, es el autor del pensamiento sobre Pilatos).

El autor evita caer en tópicos y construye, en Margarita, un personaje que está lejos de la virtud, que es infiel a su marido y que hace uso de su poder de bruja para vengarse de quien cree conveniente. Asimismo, y lejos de nuevo de ideas preconcebidas, hace del diablo y su séquito -diablillos menores- unos personajes malvados pero simpáticos.

Más de doce años estuvo Bulgakov escribiendo esta obra en la que algunos han visto a Bulgakov en el propio Maestro. En cualquier caso, manifiesta, sin duda alguna, sus particular visión respecto a la sociedad moscovita de su tiempo y deja claro su ateísmo más profundo.
Una obra interesante, escrita con maestría y una gracia que la hace realmente adorable. Por lo menos, esa es mi visión.




Psique (con la ayuda inestimable de Bulgákov)

lunes, 14 de septiembre de 2009

Tarde de lluvia



La tarde se derrite en la tormenta
que cae prolongada y persistente,
camina solitario su presente
en medio de la lluvia desatenta.

Pensando... sabe Dios en que irredenta
historia, que le trae la rompiente,
pasado que se ahorca finalmente
con el mismo cordel que lo sustenta.

La lluvia no concluye ni aminora,
deambula con andar irreverente
a pasos consecuentes y aledaños,

que buscan en el agua redentora
borrar los viejos trazos de la frente,
pintados por las penas y los años.








Gustavo Pertierra Puedes tomar asiento

Haciendo recitados: Editor de audio (audacity)

Todos nos hemos sorprendido alguna vez escuchando grandiosos recitados en los vídeos de Youtube o únicamnete en reproductores de mp3. Hay personas que tienen una voz extraordinaria, un oído musical muy afinado y unos medios informáticos poderosos; pero otros no tenemos nada de todo eso como para obtener los mismos resultados haciendo una grabación a pelo.
Por eso, os voy a contar cómo podemos hacerlo medianamente bien sin ser tan geniales como ellos.

Para ello, usaremos un buen editor de audio. Yo os recomiendo el audacity (programa gratuito y en castellano que podéis descargas desde Softonic , entre otros muchos sitios.



Una vez que lo tengamos, podremos grabar nuestros recitados directamente con él, y editarlos posteriormente.

Primero os daré unos consejos:

1ª) Grabad despacio, con abundantes silencios (nos harán falta par insertar más, o disminuirlos). Recitad dos o más veces seguidas el mismo poema (generalmente, la entonación adecuada se logra a partir de la segunda lectura); Si os equivocáis no os detengáis, dejad un segundo de silencio y continuad (luego borraréis lo que no sirva).

2ª) Grabad sólo la voz, después insertaremos el fondo musical (y los efectos especiales, si procede). Tratad de ser naturales (la poesía no es teatro y la sobreactuación suele caricaturizar el resultado - Claro, si la obra lo pide, ehcadle ganas-).

3º) No os dejéis tentar por la belleza de la música, a la hora de elegir el fondo de acompañamiento. Observad el tono del poema (si es triste, lento, reflexivo... debemos escoger una pieza de iguales características, en compases largos de tres por cuatro por ejemplo; si es enérgico, con cambios de tono, solemne, etc., no ayudará más un fondo en compás de dos por dos, con presencia de intrumentos de viento y percusión). Cuando tengamos la grabación hecha, podemos hacer pruebas con varios fondos antes de empezar a sincronizar los tiempos para ver cuál armoniza mejor. Mi mejor sensación se la lleva esa composición que complemente al recitado turnándose con él (algo así como hablar por turnos, primero la melodía, luego el poeta, luego la melodía, luego...) esto lo haremos, una vez localizada la pieza musical adecuada, sincronizando los valles de una pista con los picos de la otra y viceversa (ya veremos qué cosa es eso de los picos y pas pistas).

4º) Si os sale mal... ¡A mí no me echéis la culpa (que yo pasaba por aquí)!


Bueno vamos a orientarnos en los apartados del programa fijándonos en aquellas partes que más nos interesan, el programa es muy completo y tienes muchas opciones y posibilidades que no usaremos o que podremos ir descubriendo nosotros mismos curioseando, después, con ellas;




Bien, ya sabemos que el botón rojo no es un detonador peligroso, sino el botón que usaremos para empezar a grabar nuestro recitado. En cuanto lo pulsemos se creará la primera pista y comprobaremos, según vayamos hablando, que surgen unas ondas azukes (como esas de buscar marcianos en las películas)que se anchan y se estrechan a razón del sonido que grabamos (Beats). Ese será el rastro visual del sonido sobre el que trabajaremos para editarlo.

 
Bien, para hacer los vídeos demostrativos, he tomado prestado el poema Oscuridad , de nuestro compañero, Charlychip , aquien se lo he destrozado amparándome en la excusa de que vosotros me lo exigisteis. Veamos cómo se comporta el programa cuando empezamos a grabar:



Aquí vemos cómo hemos importado el fondo musical de acompañamiento:
Podemos comprobar la diferencia de grossor de las anchuras de las respectivas bandas (ésta diferencia nos obligará a nivelar los volúmenes de las distintas cabeceras de pista, para evitar que una eclipse a la otra).

También observamos la diferencia de largura entre ambas (así que, después de sincronizarlas, tendremos que seleccionar y cortar lo que nos sobre de la segunda - No vamos a hacer un recita de dos minuros en un fondo musical de media hora, no!-




Aquí vamos a ver el proceso de elaboración de ecos:

Notaremos, principalmente, que debemos seleccionar el trozo a repetir y un trozo de silencio de propina (tan largo como necesitremos que dure el eco).




También vamos a comprobar que en los parámetros de velocidad de repetición y decaimiento, lo decimales deben señalarse con comas (no con punto) y cómo las pequeñas sutilezas tienen grandes resultados (la diferencia entre décimas, en el decaimiento y en la velocidad de repetición, es tan notable que es lo que hace que un eco sea armonioso o estridente).






Finalmente, es importante saber cómo narices se guarda el resultado de lo que ya hemos terminado en un fichero en formato wav, para poder convertirlo después a mp3 (si fuera necesario) o usarlo directamente en los reproductores convencionales. Mientras lo vemos, os dejo escuchando el resultado final de la demostración:


Mi agradecimiento al compañero, Charlychip, por haber permitido que tomara prestado su poema para fines tan perversos como éste.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Análisis del soneto "Sólo eso"


SÓLO ESO (SEGIS)


Nací con rabia y sed. con sed de sangre y guerra; 7a / 7B oóoóoóo / oóoóoóo
No importa cómo fue, tan sólo sirva eso. 7a / 7C oóoóoóo / oóoóoóo
Ya todo estaba escrito: mi dios. mi ley, mi exceso… 7d / 7C oóoóoóo / oóoóoóo
mi honor, también se dijo falaz; mi suerte, perra. 7d / 7B oóoóoóo / oóoóoóo
Sin embargo, una vez me prendieron un beso, 7a / 7C ooóooóo / ooóooóo
y otro día, también donde el alma se encierra, 7a / 7B ooóooóo / ooóooóo
un soneto tullido con renglones de sierra 7d / 7B ooóooóo / ooóooóo
desgarró mi bolsillo. Nada más, sólo eso. 7d / 7C ooóooóo / óoóóoóo
Ahora blando el verso incisivo y caliente 7b / 7E oóoóoóo / ooóooóo
que va de casa en casa saciando sed y hambre 7f / 7G oóoóoóo / oóoóoóo
en los ojos que atajo desnudos, frente a frente. 7h / 7E ooóooóo / oóoóoóo
No besa, no, es cierto; ni mata, ni resiente. 7b / 7E oóoóoóo / oóoooóo
¡Cuán lerda es mi venganza! Si acaso, en un calambre, 7f / 7G óóoooóo / oóoooóo
estremece un humano. Con eso, es suficiente. 7h / 7E ooóooóo / oóoooóo

Análisis técnico:

Se trata de un soneto de versos alejandrinos con rima invertida en los cuartetos y paralela abrazada en los tercetos. Incluye rima paralela asonante en los primeros hemistiquios y discurre a caballo entre dos tendencias rítmicas enfrentadas (por cuanto no propician la cadencia global, sino estrófica únicamente).

El argumento se desarrolla imbuido en una gran paradoja de fondo y forma; pretende justificar su mal comienzo para confesar un buen final. Aparenta un despotismo impío hacia su interlocutor que convierte finalmente en confidente y objeto principal de interés. Propone reiteradamente su voluntad de no contar (“sólo eso”) pero lo cuenta todo (como era lógico, por otra parte)( “¡Cuán lerda es mi venganza!”).


Dualidad y paradoja:

El argumento se presenta desde dos posturas simultáneas adquiridas por el narrador:

- Una, arrogancia colérica e intransigente que rechaza la empatía con el lector:
“tan sólo sirva eso.”, “Nada más, sólo eso.”, “saciando…en los ojos que atajo (el lector)”, “Con eso, es suficiente (dos cosas, la venganza y las explicaciones en el soneto)”.

- Dos, cesión en el rigor del tono para mostrar su vulnerabilidad:
“me prendieron un beso,”, “donde el alma se encierra”, “desgarró mi bolsillo”, “¡Cuán lerda es mi venganza! (estremecer a un humano es suficiente)”

Argumento apoyado en la rítmica:

Transcurre a dos compases, troqueos (´óo) y dáctilos (óoo). Cada uno de ellos conlleva una tensión y velocidad específicos (troqueos para tonos enfáticos, solemnes y activos, y dáctilos para tono más relajado y contemplativo).
En estos apoyos se organiza una primera estrofa iracunda y arrogante, una segunda estrofa concesiva, una tercera estrofa evolutiva mixta y una cuarta estrofa concluyente y rotunda, pero ubicada en el cariz de la segunda estrofa.

Elementos semánticos de relación:

“Nací con rabia y sed” Evoluciona hasta “saciando sed y hambre en los ojos que atajo” (Siendo leído).

“Ya todo estaba escrito” Evoluciona hasta “un soneto tullido … desgarró mi bolsillo” Apareció la poesía, lo que él tendría que escribir.

“con sed de sangre y guerra” Evoluciona hasta “Ahora blando el verso incisivo y caliente” (El valor de blandir da cobertura a la interpretación de rebajar la exigencia de su rabia al ámbito lírico, además de su acepción lógica).

“una vez me prendieron un beso” Evoluciona hasta “No besa, no, es cierto” La idea de que el beso sea prendido (incendiado, y extendido, y apresado) pretende provocar, junto con el descubrimiento de la poesía, la causa del cambio de actitud; de ahí, que su venganza ni besa (como a él) ni mata o hiere (como a él), sino que conmueve (como le ocurrió a él).

“mi honor, también se dijo falaz” Evoluciona hasta “¡Cuán lerda es mi venganza!” Si la venganza pretendiese enmendar agravios a su honor, decididamente, honor y venganza, resultarían ciertamente falaces; Sin embargo, esa lerda venganza es la que resucita cualquier ápice de dignidad que pudiera albergar su honor. Por eso, “Con eso, es suficiente”.


Valoración personal:

A pesar de celo estructural, obtiene una calidad estética bastante discutible; el argumento se digiere con dificultad (chocan los conceptos a la par que los ritmos, desarticulando una fluidez argumental, quizás, un tanto ambigua: Nací con rabia, ya todo estaba escrito, pero descubrí un soneto y ahora escribo poesía, y ésa es mi venganza… ¿De qué ha de vengarse, por qué basta con eso, si la venganza es ineficaz por qué no cambia…?)
Apuntaría a una debilidad acuciante de coherencia originada en el empeño de incluir más ingredientes circunstanciales de lo deseable.
Para mi gusto la composición debiera haber discurrido con mayor amparo armónico en los ritmos y mejor continuidad discursiva (sin tanto efecto de contrapunto). Hubiese prescindido del elemento del beso, cuya connotación sensiblera no se amolda al carácter del poema en ninguna de sus dos apariciones, ni le aporta nada. Hubiese tratado de evitar (en beneficio de las rimas internas) las asonancias “prendieron/beso, donde/renglones, bolsillo/incisivo, eso/verso, blando/saciando, mata/venganza, acaso/humano, estremece/suficiente”. El baile rítmico tampoco conduce a otra cosa que el tropiezo inarmónico. Y dado que el poeta demuestra una notable predilección por la partícula “eso”, hubiese encerrado en su reiterativa aparición el objeto principal del poema (la poesía, o la venganza poética) pero no una elisión imprecisa.






Free Image Hosting at allyoucanupload.com

viernes, 4 de septiembre de 2009

El verso libre (el ritmo como esencia poética)

EL verso libre no es, por mucho que nos empeñemos, una estructura caótica en la que todo cabe ni, mucho menos, está exento de una serie de normas que marquen su razón de ser.

Cierto es que, en general, verso libre es aquel que no suele respetar una métrica estricta y suele no tener rima. Pero estos conceptos, rima y metro, son sólo algunas de las características que nos indican que estamos ante un poema. Hay más conceptos que marcan lo que es poesía y lo que no, y todos ellos tendentes a dar ese nombre a estructuras rítmicas. No olvidemos que la poesía tiene una finalidad sonora, que nace con la intención de ser recitada y que pide el serlo. La importancia en el verso libre la dan los planteamientos rítmicos, como veremos a continuación.

Si miramos en las estructuras estróficas clásicas, sujetas a los parámetros comúnmente aceptados como significativos del verso, es decir, rima y métrica, nos encontramos con algunas estrofas realmente “novedosas” en cuanto a la distribución de estas características. Así, por ejemplo, la silva. La silva es una estrofa de la métrica castellana que consiste en una extensión indeterminada de versos heptasílabos, es decir, de siete sílabas, y endecasílbos, de once, que riman en consonante libremente, pudiéndose dejar versos sueltos sin rima alguna. Empezó a cultivarse a comienzos del siglo XVII con la obra de Francisco de Rioja (impresionantes sus silvas al verano, a la rosa, al clavel, a la rosa amarilla, a la arrebolera) y las Soledades de Luis de Góngora, y desde entonces se estableció firmemente en la métrica española. Es también constante en la métrica clásica castellana el verso blanco (sin rima).

Ante un texto en verso libre hemos de plantearnos diversas cuestiones que nos lo acerquen, aunque no hay un hilo conductor único. Sin embargo, basándose en la necesidad rítmica que precisa la poesía, el verso libre no puede obviar algunas facetas que le otorgan ese ritmo. Así, en primera instancia, nos planteamos el lado fónico que rige el versolibrismo. Si no existen estructuras fonéticas determinadas solemos estar en presencia de prosa disfrazada de verso -en el mejor de los casos, porque muchas veces lo que estamos es en presencia de intrusismo- . Porque si algo es claro es que la calidad de ser verso no la dan las líneas cortas en las que queramos distribuir la información literaria, sino en otros condicionantes que determinan lo que es y lo que no es poesía. Y el ritmo marca de forma importante esa consideración.

Ahora bien, puede que aparezcan también otros “ritmos” no tanto fónicos, sino de estructura rítmica de pensamiento. En este caso la ideografía es la que otorga el ritmo poético: basado en la reiteración de palabras, conceptos, frases o estructuras; es el ritmo léxico-sintáctico y/o semántico (paralelismos y demás tipos de simetrías; anáforas y demás figuras de repetición; recurrencia de expresiones emotivas o de situaciones o ideas)
El estudio realizado por Isabel Paraíso (1985) es muy aclarador sobre la tipología del verso libre. La autora, en su libro “El verso libre hispano: corrientes y orígenes” indica “en el verso libre, más allá de su libertad – es decir, de la capacidad teóricamente ilimitada en la organización del material lingüístico por parte del poeta – está su carácter de verso, de retorno de un elemento. Y como el número de elementos que integran un poema es finito, la libertad individual queda enmarcada en un número finito de opciones: en una tipología”. Es decir, la anunciada “libertad” está en función de los elementos que definen la poesía y como estos son limitados, limitada también está dicha “libertad” en tanto en cuento ha de basarse, indiscutiblemente, en los elementos de que dispone.




Esquema de la tipología del verso libre establecida por Paraíso


I - VERSO LIBRE BASADO SOBRE RÍTMOS FÓNICOS.

1- VERSO LIBRE DE CLÁUSULAS (Basado en la métrica acentual y en la polimetría)

2- VERSO LIBRE MÉTRICO

3- VERSO LIBRE RIMADO

4- VERSO LIBRE DE BASE TRADICIONAL (la silva libre, prolongación de la silva modernista)


II - VERSO LIBRE BASADO SOBRE CONCEPTOS SEMÁNTICOS

1- VERSIFICACIÓN PARALELÍSTICA

2- VERSO DE IMÁGENES ACUMULADAS O YUXTAPUESTAS

I - VERSO LIBRE BASADO SOBRE RÍTMOS FÓNICOS (atendiendo a criterios clásicos de acento, metro, rima y estrofa).

1- En la versificación libre de cláusulas el elemento dominante es el acento. El acento es la fuerza con que realzamos una sílaba en las palabras tónicas. En el verso se denomina acento de forma genérica al esquema formado por la aparición de sílabas acentuadas entre las átonas en el interior de un verso. Ritmo acentual es el producido por la reiteración del esquema acentual de cada verso a lo largo del poema.

La cláusula indica un número fijo de sílabas átonas en torno a una tónica. Cláusula Rítmica es cada una de las partes en que se divide un verso en función del acento. En cada verso hay tantas cláusulas como acentos.

La versificación libre de cláusulas consiste en la reiteración indefinida de un grupo rítmico-acentual, con o sin acompañamiento de rima, es decir, atiende a criterios acentuales

Es la primera de las formas versolibristas del modernismo -aunque se cultiva también en reconocidos autores postmodernistas-, Aparece por primera vez en el "Nocturno" de José Asunción Silva o en la muy conocida "Marcha triunfal" de Dario, aunque ha sido muy usado por autores como Ricardo Jaimes Freyre -considerado el inciador del verso libre hispano- Santos Chocano, Villaespera, Amado Nervo, Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Celaya, Carmen Conde, José Hierro, Neruda...

Vamos a ver esa Marcha triunfal -por lo conocida que resulta y la claridad que, en cuestiones rítimicas, nos ofrece- poema con versos anfíbracos (los versos anfríbracos siguen el esquema de ritmos en las sílabas 2-5-8-11-14... -es decir: ta, ta, ta ta, ta, ta ta , ta, ta....- y, por lo tanto, indicarán versos de 6, 9, 12, 15... sílabas métricas). Obsérvese que estamos ante un polimétrico, en el que el ritmo viene dado por las cláusulas rítmicas (anfíbracos) y la distribución de rima consonante.


MARCHA TRIUNFAL

¡Ya viene~el cortejo!
¡Ya viene~el cortejo!.La~espada se~anuncia con vivo reflejo;
ya viene,~oro~y hierro,~el cortejo de (los) paladines!
Ya pasa debajo los arcos ornados -de blancas Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
la gloria solemne de (los) estandartes,
llevados por manos robustas de~heroicos atletas.

...


2- En el verso libre métrico, la base es el metro – es decir, respeta la estructura de sílabas métricas, con cadencia, aunque no respete, muchas veces, la rima y, en la mayoría de los casos, carezca de distribución estrófica-.

Un ejemplo muy significativo es el caso del poema "Venus errante" de Jaimes Freire, que utiliza versos pentasílabos, eneasílabos y tetradecasílabos, pero con una distribución interna del verso en pentasílabos y tetrasílabos combinados para dar esas estructuras eneasílabas (5 + 4) o tetredecasílabas (5 +4+5) que siempre empiezan con un pentasílabo. Mantiene una distribución estrófica (estrofas de cuatro versos)


VENUS ERRANTE:

Sigo a la nave, que vacila
sobre las olas;
oigo a los vientos que se quejan entre las jarcias,
y sobre el mástil veo posarse a las gaviotas

Los turvios ojos de los peces
miran la quilla temblorosa
y sus escamas a los rayos del sol relucen
y forman nubes de alba espuma sus negras colas

Tierra lejana...
No se vilumbran de la orilla las altas rocas,
y la mirada se detiene
sobre la cresta de las ondas
...


3- En el verso libre rimado, la base es la rima, aunque, como en el caso anterior, puede ser que no siga ninguna distribución estrófica y no respete estructura métrica. Tiene raíces tradicionales y populares: canciones de corro, adivinanzas...

Caso original en este tipo de versolibre supone la obra de Leopoldo Lugones (que llegó a manifestar que "el verso puede liberarse de todos menos de la rima")

LA BLANCA SOLEDAD

Bajo la calma del sueño,
calma lunar de luminosa seda,
la noche
como si fuera
el blanco cuerpo del silencio,
dulcemente en la inmensidad se acuesta.
Y desata
su cabellera,
en prodigioso follaje de alamedas.


Otro claro ejemplo de verso libre rimado lo encontramos, por ejemplo, en un poema de José Hierro, "Otoño", se trata de una versificiación irregular respecto a su composición métrica, pero respecto a la rima, es un poema arromanzado (rimas asonantes en versos impares) aunque, en este caso, también estamos ante un verso libre de cláusulas, donde la regularidad acentual la encontramos en que todos los ritmos son ternarios (anfíbracos o anapésticos), es decir, siempre hay dos sílabas atónas entre las acentuadas.

OTOÑO:

Otoño de manos de oro.
Ceniza de oro de tus manos dejaron caer el camino.
Ya vuelves a andar por los viejos paisajes desiertos
ceñido tu cuerpo por todos los vientos de todos los siglos.

Otoño, de manos de oro:
con el canto de mar retumbando en tu pecho infinito,
sin espigas ni espinas que puedan herir la mañana,
con el alba que moja su cielo en las flores del vino,
para dar alegría al que sabe que vive
de nuevo has venido.
Con el humo y el viento y el canto y al ola temblando
con tu gran corazón encendido.



Cabe decir que es muy común encontrar poemas arromanzados entre los versolibristas.

Otro ejemplo de ello, de poema arromanzado, y de estructura rítmica en cláusulas, en este caso tetrasílabas (es decir, cada cuatro sílabas, aunque la primera sílaba acentuada en cada verso es la tercera), el un bello poema de Villaespesa titulado "los murciélagos"


LOS MURCIÉLAGOS

De la tarde que moría
a los cárdenos reflejos,
lentamente caminabas, deshojando margaritas,
por la senda que perfuman los floridos limoneros...

¿No te acuerdas?... De repente, temblorosa,
abrazándote a mi cuello:
"¡Mira, mira -murmuraste,
en el mundo de mis brazos de terror desfalleciendo-
cómo en torno de las flores
giran locos los murciélagos!..."
Y en las sombras que avanzaban, las luciérnagas,
como cirios sepulcrales se encendieron...
Y doblaron lentamente las campanas
con el fúnebre gemido de tu acento...
Y en el negro catafalco te vi inmóvil coronada de azahares,
con las manos amarillas enlazadas sobre el pecho...

Y trazando en torno tuyo
la fatiga tenebrosa de su vuelo,
con el frío mortuorio de sus alas membranosas
te rozaban los murciélagos...

....



4- En el verso libre de base tradicional el apoyo a veces es la estrofa (verso libre eutrófico), o el poema completo (como la silva libre). Un ejemplo es la “canción libre”, que suele presentar alguna forma rítmica y refuerza su carácter musical mediante estribillos.


II - VERSO LIBRE SEMÁNTICO

1- En la versificación paralelística juega con los recursos estilísticos, y con una distribución ideológica con recurrencias sintácticas y léxicas

2- El verso libre de imágenes acumuladas o yuxtapuestas juega con la metáfora y otros tropos, sin trabazón sintáctica ni léxica. El ritmo no radica en su forma versal ni en la estructura sintáctico-semántica sino en la red de imágenes afectivamente enlazadas.