martes, 16 de marzo de 2010

¿A QUÉ SABE LA LUNA?



¿A QUÉ SABE LA LUNA?


¿A qué sabe la luna, madre?
¿A qué sabe la luna?

Dígame, madre,
si sabe a nata
como la candidez de su mirada,
o si sabe a pistacho y miel
en las laderas de esa mano que me acaricia.
¡Su mano, madre, y su mirada!

Dígame, madre,
si sabe a hierbabuena o a hinojo,
si sabe a menta o a regaliz…
como saben sus besos, madre,
¡como saben sus besos!

O si sabe, madre,
al aroma de lisura
que la brisa perfila en el revuelo de su nombre,
o si sabe a la luz del alba en su retina.

Dígame, madre,
si acaso sabe a bosque en la noche,
o sabe a heno en la alborada,
o al viento que se esfuma,
perdiéndose, en los maizales,
allá por la hora nona.

O, tal vez, si sabe al bronce de hazañas
en los compases de la gesta de los hombres;
al metal frío de los tiempos de gloria.

Dígame, madre,
si sabe a madera añeja,
o a lumbre en el hogar,
o a tabaco de pipa en las lágrimas de la aurora.

Pero, dígame, madre, ¡dígame!
¿A qué sabe la luna?

O mejor no…

Mejor no me diga nada, madre,
pero ayúdeme a robarle un pedacito de su plata
para besarla, madre,
y saber, en mi boca,
a qué sabe la luna.