miércoles, 6 de enero de 2010

SEPIAS EN EL PAISAJE DE LA PIEL



SEPIAS EN EL PAISAJE DE LA PIEL

Un interminable enero escarcha su piel,
deshojada en silencios.
Noches de nieves y vacíos
configuran el único alimento
para un cuerpo esculpido en ausencias,
mientras los recuerdos de lo que, otrora, regalaron los estíos
sólo provocan desazón en el erial de su vientre.

Han caído otoños en sus senos
y los inviernos amenazan hacerse perennes entre sus muslos;
la calidez de azúcar de su sexo
se ha solidificado a fuerza de hambre de pecado;
y el grito ahogado que responde a la propia mano
no es más que una súplica desesperada
de una boca y de otra mano.

Su cuerpo, atormentado de deseo,
se hace invierno y se encoje hacia su centro.
Aspira a ser de nuevo primavera,
cubrir su epidermis de violetas y de abrazos,
y respirar el aliento cálido de otro cuerpo
en un agosto de besos.

Y de pronto él,
los ojos de sus noches:
los susurros de unas manos aguerridas
dibujando veredas en su vientre,
el silbo de una boca agasajando
los botones de miel de sus senos
y el bramido de un tsunami
arrasando sus secretos
y arrancando albricias y latidos
a la perla que engalana, en nácar,
su sexo complaciente.

Manos en ascenso
hasta el centro del gozo y de la entrega,
labios en algodones
estallando en los misterios de los cuerpos
y lenguas deshojando corolas
y lamiendo pétalos;
gemidos que ruborizan el silencio de la noche.

Vuelve a ser estío con más fuerza,
y con más sepias, en el paisaje de la piel
atemperada en gozos y en suspiros.

2 comentarios:

José Antonio dijo...

Un poema con una sensualidad que desborda. Me ha gustado mucho, tanto que necesito salir al balcón a ver si me enfrío.
Un abrazo recalentado.
Ah, me ha gustado el fin de la historia, eso de que haya esperanza aunque los inviernos amenacen hacerse perennes entre los muslos.

psique dijo...

NO cojas excesivo frío en el balcón, que la noche está muy fría, :D :D :D

Sin bromas, gracias por tu simpático comentario.

La pretensión del poema era, más que la propia sensualidad que derrama, ese canto a la esperanza. Cuando todo parece perdido, puede aparecer la luz de un nuevo día, de una nueva primavera que cubra la epidermis de violetas y que llegue pletórica de besos.

Pues eso mismo, besos.

Amelia