sábado, 23 de enero de 2010

NARCISO



No hay música en la oquedad rota

del vicio que suspende los sentidos;

sólo prosaicas notas de orgullo,

puro cretinismo del afán ciego

con que el hombre se agasaja a sí mismo.



¿Qué música puede surgir de la nada,

de la vacua vanidad del que, pertrechado en el "yo soy",

sólo asiste al delirio de su estampa?



Ámate, Narciso, a ti mismo!",

proclama la sangre enfrebrecida

tras su propia imagen de cristal,

mientras, en las venas de la conciencia,

su modestia malherida, aún llora mesura:


"no pretendas más respuesta de las aguas;

pues el coito inconcluso de tu ego,

no ha arrancado, en ellas, ni un suspiro de lástima"



No sonará un himno triunfal,

ni una marcha solemne,

sino la sempiterna cantina

de un arrebato oscuro

en sueños de mortaja;

o el triste réquiem

por quién, sombra de sí mismo,

quiso besarse la boca.



Y ahora, el silencio

No merece más.

4 comentarios:

José Antonio dijo...

Buen poema, Amelia, de los que hacen pensar.
Aunque algo narcisistas somos todos, para eso están hechos los espejos, el mío un poco convexo, pero bueno.
El problema de ser narcisista es que se gusta uno por lo que ve fisicamente, lo de fuera. Es mejor gustarse por como es uno por dentro.
Un abrazo.

Gustavo Pertierra dijo...

Que maravilla, compañera !!!
El poema en general esta magnificamente concebido, desde el comienzo a partir de la imagen, pero el final, es digno de apluso:

"por quién, sombra de sí mismo,
quiso besarse la boca..."

Estos dos versos valen un Perú.
Un afectuoso abrazo, amelia

psique dijo...

Tú te ves en un espejo convexo pero no infieres para que nadie más puede buscar el espejo en que mirarse... Me gusta tu espejo convexo que no devuelve más que imágenes sencillas y apacibles. NO hay daño en ese espejo ni, imagino en quién lo tiene a mano para echar, de vez en cuando, una visual.

Sin embargo, algunos fatuos que se miran en espejos planos, escondidos, normalmente, detrás de unas más que vacuas modestias, precisan apagar la luz de los demás para que la suya pueda brillar pues no admiten otra luz que la propia. Eso egos encendidos se sitúan por encima del bien y del mal y establecen relaciones casi mesiánicas con el común de los mortales... Tarde o temprano sólo encontraran el silencio que les devuelve la propia imagen en el cristal...

Un besazo, y gracias de nuevo, por pasar y comentar. He visto que tienes varios post nuevos en tu blog, a ver si encuentro un ratito, me paso y te leo.

Obro besazo.

psique dijo...

Bueno, gracias por lo de maravilla, aunque creo que, entre maravilla y lo que yo hago cabe ese Perú que adjudicas como valor a mis versos, y algún otro país más, de paso, jejeje.

Sin embargo, a riesgo de parecer soberbia, sobre todo después de haber dejado mi proclama contra los narcisos, a mí también me gusta el resultado de esos dos versos, pues creo que está la esencia de la vanidad reflejada perfectamente en ellos. Pero lo mismo esto no es más que la vanidad que me devuelve mi espejo... seguro que algo así es.

Andes de que se me suba mucho el ego, vamos a poner punto y final a esto, no vaya a ser que el poema, además de autor, tenga también reflejo...

Un besazo, Gus. Y muchas gracias de nuevo